El niño del Periférico: la curva sin nombre
Otros 31 de Octubre de 2025

El niño del Periférico: la curva sin nombre

Conoce la historia real del niño del Periférico: apariciones, grabaciones y testimonios de choferes que nunca olvidaron su mirada.

Los oficiales de tránsito de la Ciudad de México tienen un código no escrito:
si recibes una llamada por “peatón en curva” después de la medianoche, no vayas solo.

Todo comenzó a principios de los años 90.
En el tramo sur del Periférico, a la altura de una salida sin nombre, los conductores empezaron a reportar la misma historia: un niño de unos siete años, empapado y descalzo, pidiendo aventón en medio de la lluvia.

Quien se detenía aseguraba lo mismo: el niño subía al asiento trasero, agradecía en voz baja y pedía bajarse “antes del puente”.
Pero al llegar, el asiento estaba vacío, solo quedaba un charco de agua y una moneda oxidada.

Los reportes oficiales

El primer expediente fechado en 1994 habla de “alucinación colectiva provocada por fatiga y mala visibilidad”.
Sin embargo, los testimonios coinciden palabra por palabra, incluso entre choferes que no se conocían.

Un trailero relató que, al mirarlo por el retrovisor, el niño le sonrió con los labios morados y dijo:

“No mires atrás, no hasta cruzar el puente.”

El conductor obedeció.
Pero cuando llegó al punto exacto, su radio se encendió sola con estática, y una voz susurró su propio nombre.
Después de eso, renunció a su ruta nocturna.

Años más tarde, un grupo de investigadores de lo paranormal colocó cámaras térmicas y detectores en la zona.
Durante dos noches, nada.
La tercera, una figura pequeña apareció corriendo entre los carriles… y desapareció justo donde el pavimento cambia de tono.

El video fue archivado.

La maldición del kilómetro 17

Los mecánicos de patrullas juran que las luces traseras parpadean cada vez que alguien menciona al niño dentro del auto.
Y los paramédicos dicen que, cuando hay accidentes cerca de esa curva, casi siempre encuentran una pequeña huella húmeda en el parabrisas de los vehículos sin ocupantes.

Algunos creen que el niño fue atropellado en ese tramo hace décadas, y que su alma quedó atrapada entre la niebla y los semáforos intermitentes.
Otros, que no fue un accidente, sino un sacrificio.

Lo cierto es que la curva sigue ahí, sin nombre ni señalización.
Y cada año, alguien más deja una ofrenda al borde de la carretera: un juguete, una moneda, o un dibujo infantil plastificado con cinta.

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avhgaray
Autor
AVHGARAY

Creador de NoDuermasMX, narrador y entusiasta de leyendas mexicanas de terror.

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