
El visitante del piso 13
El edificio “Residencial Aurora” siempre tuvo un aire elegante, con su fachada gris espejo y su recepción perfumada. Pero nadie quería el departamento del piso 13.
Decían que quien lo rentaba, no duraba más de un mes.
Daniel, un diseñador gráfico que acababa de mudarse a la ciudad, no creía en rumores. El precio era ridículamente bajo y la vista panorámica lo conquistó. Firmó el contrato en el acto.
La primera noche fue perfecta: silencio, ciudad dormida, aire fresco. Pero al llegar las 3:13 a. m., un golpe seco sonó desde el pasillo. Daniel pensó que sería una tubería, hasta que escuchó tres pasos lentos frente a su puerta.
Miró por la mirilla. Nadie.
Repitió la rutina las noches siguientes: acostarse a medianoche, dormir tres horas, despertarse por los mismos pasos. Incluso el ascensor subía solo y se detenía en su piso, pero nunca se abrían las puertas.
Una madrugada, cansado del miedo, decidió enfrentar lo que fuera. Cuando el sonido comenzó, abrió la puerta de golpe. El pasillo estaba vacío, solo la luz de emergencia parpadeaba.
Entonces vio que una sombra se reflejaba en el espejo del fondo, pero no había nadie frente a él.
El ascensor volvió a abrirse, y dentro, reflejado en el acero, un hombre alto con un traje mojado lo observaba.
Daniel retrocedió aterrado… hasta que notó algo imposible: su propio reflejo no estaba.
A la mañana siguiente, la administradora tocó a la puerta, preocupada. Nadie respondió.
El departamento estaba vacío, pero en el espejo del ascensor, el rostro de Daniel quedó grabado, mirando fijamente hacia afuera.
Desde entonces, cuando el ascensor sube solo al piso 13, algunos juran que una silueta viaja dentro, esperando compañía.
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