El edificio estaba pegado a una vieja fábrica abandonada junto al río.
Ambos lugares llevaban años cerrados.
El hospital era pequeño.
Dos pisos.
Ventanas rotas.
Paredes descascaradas.
Por fuera parecía solo otro edificio abandonado más.
Pero por dentro era distinto.
El silencio era demasiado profundo.
Fuimos cuatro personas esa madrugada.
Habíamos escuchado historias del lugar.
Nada muy claro.
Solo comentarios de gente del pueblo que decía que se escuchaban ruidos dentro.
Llegamos cerca de las dos de la mañana.
El río corría detrás del edificio.
El sonido del agua era lo único que se escuchaba.
La puerta principal estaba abierta.
Entramos.
El pasillo principal estaba cubierto de polvo.
Las paredes tenían manchas viejas.
Había camillas oxidadas en algunos cuartos.
Todo parecía detenido en el tiempo.
Avanzamos iluminando con los teléfonos.
No había señales de que alguien estuviera viviendo ahí.
Ni basura reciente.
Ni ropa.
Ni fogatas.
Nada.
Llegamos a una zona donde el pasillo se hacía más estrecho.
Fue ahí cuando escuchamos el primer sonido.
Un arrastre.
Lento.
Como madera contra concreto.
Nos detuvimos.
El sonido continuó.
Arrastrándose.
Pausa.
Arrastrándose otra vez.
Alguien susurró que parecía una silla.
El sonido venía de un cuarto al final del pasillo.
Avanzamos con cuidado.
El arrastre continuaba.
Cada pocos segundos.
Lento.
Pesado.
Empujamos la puerta.
El cuarto estaba vacío.
Completamente vacío.
Solo había una silla de metal en medio del lugar.
Inmóvil.
El sonido se detuvo.
Nos miramos entre nosotros.
Uno de mis amigos movió la silla con el pie.
El sonido fue exactamente el mismo que habíamos escuchado.
Madera raspando el suelo.
Pero el cuarto estaba vacío cuando llegamos.
Salimos del cuarto.
El pasillo volvió a quedar en silencio.
Pensamos que tal vez el viento había movido algo.
Aunque no había corrientes de aire.
Seguimos caminando.
Entonces el sonido volvió.
Pero ahora venía detrás de nosotros.
Arrastre.
Lento.
Como si alguien moviera una silla en el cuarto que acabábamos de dejar.
Giramos de inmediato.
La puerta seguía abierta.
La silla estaba donde la habíamos dejado.
Inmóvil.
Pero el sonido continuó.
Arrastrándose.
Otra vez.
Uno de nosotros alumbró hacia el fondo del pasillo.
Fue entonces cuando lo vimos.
Sentado contra la pared del final.
Había un anciano.
Muy delgado.
La espalda encorvada.
Las manos sobre las rodillas.
Mirando hacia el suelo.
Ninguno de nosotros lo había visto antes.
No estaba ahí cuando entramos al pasillo.
Nadie habló.
El anciano no se movía.
Parecía completamente quieto.
Entonces el sonido volvió.
Arrastre.
El mismo sonido de silla raspando el suelo.
Pero el anciano estaba sentado directamente sobre el piso.
No había ninguna silla debajo de él.
Arrastre.
Otra vez.
El sonido parecía venir justo debajo de donde estaba sentado.
Nadie se acercó.
Retrocedimos lentamente.
Sin dejar de verlo.
El anciano no levantó la cabeza.
No hizo ningún movimiento.
Seguimos retrocediendo hasta llegar al pasillo principal.
Luego salimos.
Nadie habló durante varios minutos.
Cuando por fin miramos hacia las ventanas del hospital…
No vimos a nadie en el pasillo.
El lugar estaba oscuro.
Completamente vacío.
Pero mientras caminábamos hacia el camino junto al río…
Escuchamos el sonido otra vez.
Arrastre.
Lento.
Como si una silla estuviera siendo movida dentro del hospital.
Solo que el sonido ya no venía del edificio.
Venía del camino detrás de nosotros.





