La iglesia estaba en una calle silenciosa del pueblo.
Era una construcción muy antigua.
De piedra oscura.
Con ventanas altas y una torre pequeña que casi siempre estaba en sombras.
Durante el día seguía abierta para algunas misas.
Pero por las noches se quedaba completamente vacía.
Un amigo conocía al encargado y nos dijo que la puerta lateral a veces quedaba sin seguro.
Una madrugada decidimos entrar.
Pasaba de la medianoche.
La calle estaba completamente vacía.
Ni autos.
Ni gente caminando.
Solo la luz tenue de un farol iluminando la entrada.
Empujamos la puerta lateral.
El interior estaba oscuro.
El olor a madera vieja y humedad llenaba el aire.
Encendimos las luces de los teléfonos.
El pasillo central de la iglesia parecía mucho más largo de noche.
Las bancas estaban alineadas en silencio.
El altar al fondo apenas se distinguía.
Las ventanas laterales eran altas y estrechas.
El lugar estaba completamente quieto.
Avanzamos despacio entre las bancas.
Cada paso resonaba en el piso de piedra.
Llegamos casi a la mitad de la nave cuando escuchamos el golpe.
Fuerte.
Seco.
Una de las ventanas laterales se cerró de golpe.
El sonido rebotó en las paredes de la iglesia.
Nos quedamos inmóviles.
Iluminamos hacia la ventana.
La hoja estaba completamente cerrada.
Pensé que podía ser el viento.
Pero el aire dentro del lugar estaba quieto.
No había ninguna corriente.
Nos acercamos un poco más.
La ventana estaba asegurada por dentro.
No parecía haberse movido en años.
Entonces escuchamos otro sonido.
Un roce.
Como madera moviéndose.
Venía de un pequeño pasillo lateral que llevaba a una habitación detrás del altar.
Caminamos hacia ahí.
El pasillo era estrecho.
Las paredes estaban cubiertas de cuadros antiguos.
La puerta al final estaba cerrada.
Mientras nos acercábamos escuchamos algo más.
Un leve movimiento.
La puerta tembló apenas.
Como si alguien la hubiera tocado desde el otro lado.
Nos detuvimos frente a ella.
Iluminamos la madera.
La superficie estaba vieja, llena de marcas.
El silencio volvió por unos segundos.
Luego ocurrió otra vez.
La puerta se movió lentamente.
Un par de centímetros.
Como si alguien empujara desde dentro.
Mi amigo tomó la perilla.
La giró despacio.
La puerta se abrió.
Iluminamos el interior.
El cuarto estaba vacío.
Solo había una mesa vieja y algunos objetos religiosos cubiertos de polvo.
No había ventanas abiertas.
Ni otra salida.
Revisamos cada rincón.
Nada.
Salimos al pasillo nuevamente.
La puerta quedó entreabierta.
Mientras regresábamos hacia la nave principal escuché algo detrás de nosotros.
Un pequeño golpe.
Giré.
La puerta se estaba cerrando.
Muy despacio.
Como si alguien estuviera del otro lado empujándola.





