La inquietante voz que imitaba a mi mamá en la oscuridad de la noche
La noche siempre ha sido un refugio para mis temores más oscuros. De niño, me sentaba en la esquina de mi habitación, con el corazón latiendo como un tambor, esperando el sonido familiar de la voz de mi madre. Pero aquella vez, algo cambió. La voz que resonó en la penumbra no era la de ella, sino una imitación inquietante que me heló la sangre.
Una llamada familiar
Era un susurro suave, casi cariñoso, como el de mi madre, pero con un matiz extraño que me hizo erizar la piel. "Ven aquí, hijo", decía la voz, cargada de ternura y una extraña urgencia. Miré hacia el pasillo, donde la luz de la luna se filtraba por la ventana, y me pregunté si podría ser ella. Sin embargo, algo en mi interior me decía que no era mi madre. La voz, aunque familiar, tenía un eco distorsionado, como si alguien se estuviera burlando de mí.
La atracción del miedo
Mis pies, que antes estaban pegados al suelo, comenzaron a moverse. La curiosidad y el miedo luchaban en mi mente. Caminé hacia la sala, donde la voz parecía más fuerte. Cada paso que daba era un acto de valentía, pero también un intento de enfrentar mi horror. La puerta estaba entreabierta, y al asomarme, vi algo que me hizo retroceder.
Una sombra, del tamaño de una persona, se movía en la oscuridad. La imitación de la voz se repitió: "Soy yo, ven aquí, cariño". Una sensación de terror me invadió. Recordé las historias que me contaba mi madre sobre los seres que se disfrazan de aquellos que amamos para atraer a los desprevenidos. Mi mente se llenó de imágenes aterradoras, y comprendí que debía huir.
Desesperación y revelación
Regresé corriendo a mi habitación, sintiendo que el aire se volvía más denso a medida que me alejaba de la sombra. Cerré la puerta con un golpe y me dejé caer al suelo, temblando. La voz continuó llamándome, cada vez más desesperada, casi como si intentara convencerme de que era, de hecho, mi madre. "No me dejes así, ¿por qué no vienes?"
En mi mente, la confusión se transformó en una revelación aterradora. Las voces que escuchamos pueden ser engañosas. Pueden ser un reflejo de nuestros propios deseos, nuestros temores más profundos. La voz que imitaba a mi madre no buscaba consuelo, sino que me arrastraba hacia el abismo de lo desconocido. Me di cuenta de que había algo más en juego, algo que no podía entender.
Un final incierto
Pasé la noche en vela, abrazado a mis sábanas, mientras la voz continuaba llamándome. La oscuridad se volvió mi única compañía, y el silencio se convirtió en un eco de mis propios miedos. A la mañana siguiente, el sol brillaba con fuerza, pero la memoria de aquella noche permaneció grabada en mi mente. La voz que imitaba a mi madre no fue simplemente un juego de sombras; fue un recordatorio de que nunca debemos dejar de cuestionar lo que creemos conocer.
¿Por qué esto da miedo?
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