
Los exorcismos documentados en San Luis Potosí: archivos del miedo
En los archivos eclesiásticos de San Luis Potosí, entre bautismos y defunciones, existen páginas que casi nadie menciona.
Son documentos breves, con tinta temblorosa y márgenes llenos de notas en latín.
Algunos llevan una palabra escrita en rojo: “Obsessio.”
El primero data de 1947.
El padre Miguel Armenta registró a una joven de 17 años con “voz masculina, fuerza inusual y rechazo a símbolos sagrados”.
Tres testigos confirmaron haberla visto levitar durante el rezo.
Los médicos del Hospital Central lo negaron todo, pero una enfermera renunció esa misma semana diciendo que “la paciente le habló con la voz de su madre muerta”.
Otro caso, en 1972, menciona a un niño llamado Rafael.
Durante la misa, el pequeño gritó frases en náhuatl antiguo que nadie de su familia conocía.
El sacerdote que lo atendió falleció a los pocos días; su diario solo contiene una frase:
“Lo que vimos no era humano… y no quería irse.”
El expediente más reciente, de 2005, proviene de una grabadora digital confiscada.
Entre rezos y gritos, se escucha algo que no responde, pero ríe cuando se pronuncia el nombre de Cristo.
El archivo se cerró sin explicación.
Hoy, en el Archivo Histórico, hay carpetas selladas con cera eclesiástica.
Y los curas jóvenes que atienden el lugar solo dicen:
“Algunos rezos no se deben repetir.”
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