
Ecos desde el baño de la escuela
Los maestros pensaban que los niños inventaban historias.
Decían que en el baño del fondo se escuchaban risas cuando no había nadie, y que las puertas se cerraban solas aunque no hubiera corriente de aire.
Lucía, la encargada de limpieza, no creía en fantasmas.
Una tarde, al quedarse sola, escuchó un golpeteo leve desde uno de los cubículos.
Golpeó con la escoba.
Silencio.
Volvió a sonar.
Un golpe, luego dos, luego tres, marcando un ritmo infantil.
Se inclinó para mirar debajo de la puerta…
y vio unos zapatos pequeños, negros, perfectamente alineados.
Pensó que era algún niño escondido, así que abrió de golpe.
El cubículo estaba vacío.
Solo el espejo vibraba, como si algo del otro lado acabara de correr.
Desde entonces, Lucía entra al baño con la radio encendida.
Dice que cuando el volumen baja solo, una voz de niña le susurra:
“Ya terminamos de jugar, maestra.”
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